DISCURSO DE INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN “LUZ SECA”, SALA ZAIDA,GRANADA, ENERO 2013

Buenas noches queridos amigos que habéis tenido la deferencia de acompañarme en esta noche tan importante para mí.
Quiero empezar mis palabras agradeciendo a la Caja Rural y a su Fundación, representados en la persona de su presidente, la oportunidad que me han brindado de realizar la exposición que hoy inauguramos. A mis amigos Jerónimo y José Antonio Luque su mediación para que ello fuera posible y a Poli su profesionalidad y buen hacer para que ésta sea una realidad.
El tema de la misma gira en torno a una edificación muy querida para los granadinos, que está presente en nuestro paisaje vital y físico, y que está asociada a todos nuestros recuerdos : los secaderos de tabaco.
Pensar en Granada, en su vega y en los secaderos es todo uno y la imagen de Granada bien podría ser la de uno de ellos.
Quizás alguien piense que he elegido este tema inspirado por el sitio donde nos encontramos y por la institución que acoge la exposición; pero, aunque así podía haber sido, sólo es una coincidencia de la que me siento muy satisfecho.
La verdadera génesis de la exposición es otra y se encuentra en un libro y en las asociaciones que me ha provocado.
Hace año y medio, cuando estaba pensando en el tema para el proyecto, leía un recopilatorio de los escritos del escultor Juan Muñoz. En uno de estos escritos el escultor cuenta la extraña historia de “La Posa de Zurite”. Zurite es un pueblo peruano donde todos los años , un día cualquiera, es construida, en un lado de la plaza, una singular edificación. Ésta, como bien dice Juan Muñoz, más que casa es un dibujo de casa. La conforman unos cuantos palos y un tejado a dos aguas. Construcción hueca, sin paredes, sin techo, transparente, simplemente trazada, apuntada.
Durante todo el año la gente entra en ella, se para brevemente, y sale, usándola como un pasillo donde la historia se detiene y el vacío habita.
Permanentemente, cada lado es usado como entrada o como salida en función de la dirección del paseante. Es un espacio donde la gente se cruza y se detiene y el tiempo da una tregua que los habitantes de la Posa usan, cada año, para centrarse y mirar en su interior.
Juan Muñoz dice que allí, el campesino de Zurite, habita un momento de suspensión.
Algo de esta cualidad de espacio inhabitado, de espacio fuera del tiempo, de espacio en el que nada ocurre, ni ha ocurrido y donde los caminos se cruzan, tienen los secaderos de tabaco.
Casas que no se habitan, edificaciones que sólo permiten el paso del aire y de la luz. Que entran por un hueco y salen por otro , de forma indistinta, y lo que era entrada después es salida y viceversa. Y mientras están dentro se centran y secan, fuera del tiempo, dejándonos sólo un aroma y un sabor.
Edificación constituida por huecos, por ausencias, por bordes y por esquinas. Casa conformada por líneas de aire y de luz, con nudos cristalizados y olorosos donde nace el tabaco. Líneas que juegan un juego interminable e infantil.
Así he visto los secaderos y así he tratado de representarlos.
Donde cada cruz y cada raya son momentos de las vidas de cada uno. Momentos creados por la luz y por el aire, momentos que nacieron fuera del tiempo y que uno a uno representan el mapa todo de nuestras vidas.
Las imágenes que ofrezco más que imágenes, como diría Juan Muñoz, son dibujos de imágenes, bocetos apuntados que permiten a cada uno retornar a los momentos vividos, a los juegos jugados, a aquellos, que quedaron colgados de nuestra memoria como sendas de luz y de aire y que forman los restos valiosos y únicos de la aventura de la vida.
Y por último quiero terminar mis palabras dedicando la exposición a mi abuelo una persona que dedicó su vida entera a amar y a cultivar tabaco en nuestra Vega.
Muchas gracias.
- exposición individual