Los ingleses y el rediseño del envase

Es práctica habitual entre las empresas acudir a lo que se llama “rediseño del envase” para gastar menos y ganar más. Ejemplo de ello son los paquetes de cigarrillos con menos cigarrillos, que la gente compra para, hipotéticamente, fumar menos aunque el cigarrillo le salga más caro. O las botellitas de agua que valen más que el equivalente de una botella de un litro. O los viajes de menos días en cruceros de lujo porque la gente no puede estar tanto tiempo de vacaciones. En fín, hay múltiples ejemplos que con buen criterio todas las empresas aplican.
Ahora bien lo que nunca había visto es lo que me sucedió hace unas noches cenando en un restaurante de Nottingam. Supongo que también será por el especial carácter de los ingleses que los hace, a veces, auténticamente incomprensibles.
Habíamos cenado con una botella de agua mineral de un litro y casualmente no nos quedaba para los postres. Llamé al camarero y, muy educadamente, le pedí una botella de agua más pequeña. Ante la extrañeza del camarero por la petición de algo tan inusual y tan extranjero y después de decirme que sólo disponían de botellas de litro me ofreció, muy cortesmente, dos vasos de agua, a lo cual yo accedí gustoso.
Mi sorpresa vino con la cuenta cuando, además de comprobar que me habían cobrado los dos vasos, ambos valían más que la botella de un litro.
Cuando le pedí explicaciones al camarero simplemente me trajo la carta y me mostró el precio del vaso de agua. Sólo me caben dos razonamientos: o la estructura mental de los dueños del restaurante, por no generalizar, es distinta de la mía o el camarero y los dueños son unos cabrones como la copa de un pino.Que el lector elija.
Ilustración : “El niño cabezón y la polla del perro” Valentín Pedrosa








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